18 nov. 2016

Cada Noche Aparecen los Demonios 23




Ha pasado otra semana tranquila en el blog. Lamentamos la falta de contenido pero por favor, comprendan que los estudios no esperan por nadie.

En otras noticias ya solo nos faltan tres capítulos, luego de este, para finalizar con la primera parte de esta historia. No estamos totalmente seguros de cómo procederemos luego de este, pero sí les podemos asegurar que hay mucho de esta novela para rato e igualmente le recordamos a nuestra querida y distinguida audiencia, que están a tiempo de correr la voz acerca de este proyecto (y del blog en general) a quienes ustedes consideren que puedan disfrutar de nuestro contenido xD.


                                                                                                                                                 
PREVIEW
                                                                                                                                                 
El pelirrojo es el primero en atacar.
Lanza sus plumas hacia el techo. Acierta a los merodeadores que se manifiestan. Muchos de ellos caen desde las alturas, estrellándose sobre los bancos de la capilla luego de su estrepitoso aterrizaje.
Anastasia ataca a los Umbral con sus dagas sin titubear.
Lo hace con una agilidad destacable. Sus cortes son precisos como los de un cirujano pero con la malicia de un carnicero. Los merodeadores sombríos sueltan gritos de dolor con cada uno de los ataques de la rubia de orbes azules.
Los rezos del Padre Joe paralizan a las criaturas nocturnas. No les permite usar sus tentáculos y apéndices. Sus ataques resultan en vano.
En combinación con el Padre Joe, Victoria se encarga de dar los tiros de gracia.
Cuando llega el momento, aprieta el gatillo sin cesar al tiempo que salen las balas, una tras otra. Estallan en las cabezas de las criaturas mientras se desploman por el piso.
Se oye un grito incomprensible por parte de las criaturas. Todos saben que es de dolor. Parece un chirrido maldito.
(Cada vez que veo a los compañeros de Rojo-san, no puedo evitar quedarme boquiabierta. Jamás podría ser como ellos…).
Pese a la eficiencia de los exorcistas, la situación estaba comenzando a salirse de sus manos.
Se estaban enfrentando a una horda sin precedentes.
–Joe, deja de luchar con nosotros ¡Ponte a trabajar en esa barrera de una buena vez! –ordena Rojo.
–No puedo. Esta casa de Dios se ha quedado sin dueño, bendecirla de buenas a primera es imposible. Antes debo convertirme en el nuevo dueño.
–Mierda...
–¿Puedes hacer eso? –pregunta Anastasia.
–Primero tengo que hacer unos rezos...
–¡Entonces hazlos de una vez, coño! –manifiesta el pelirrojo...
                                                                                                                                                 

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