10 nov. 2014

Doppelganger

La mente humana está llena de misterios. Pareciera que al conseguir una respuesta, surge dos interrogantes. La personalidad es uno de esos tantos fenómenos. Puede haber días en los que te sientes de maravilla y otros en los que ni dan ganas de salir de cama -a pesar de no haber sufrido desgracia alguna los días anteriores-. También hay situaciones en las que provoca decir la cosa más vil e hiriente a una persona, como si quisiéramos destruirla desde adentro... y finalmente, simplemente nos conformamos con imaginarlo -o no tenemos las agallas de gritarlo a los cuatro vientos-.

Todo eso surge de uno mismo. Creo que de allí nace una frase que leí hace mucho: "Los peores demonios son los que uno mismo se crea..." y a decir verdad, resulta ser así en varios casos. El bien y el mal siempre están latentes, como potenciales entidades. El negro y el blanco. La luz y la oscuridad. El alfa y el omega. Pero al final, todo se resume a uno mismo.

Shakespeare dijo en una de sus tantas obras: "El bien y el mal no existen. Es el ser humano el que le da esos significados..."

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